El hombre que construyó una escuela
Archivo de memoria de la Escuela N° 10766 · Chumbicate, Cajamarca
Iniciado en 2010
En 1969, la vida en el campo peruano estaba definida por la dureza de su geografía. En la sierra de Cajamarca, acceder a la educación exigía un esfuerzo físico extremo: los niños debían caminar hasta ocho horas diarias, sorteando montañas y trochas, para llegar a la escuela más cercana. En ese escenario vivía mi padre, Felipe Cayao, un campesino de Chumbicate. Decidido a forjar otra realidad para sus hijos, reunió a sus vecinos y gestionó sin descanso ante las autoridades hasta conseguir la primera escuela pública del caserío.
El lugar elegido para levantarla fue un cruce estratégico, el punto exacto donde convergían los caminos de varias poblaciones. Sin embargo, el terreno estaba dominado por una enorme roca. Durante cinco meses, la comunidad trabajó sin pausa, quebrando la piedra con dinamita para utilizar sus propios escombros como cimientos. A pura fuerza de voluntad, transformaron una montaña inquebrantable en una escuela.
Con los años, mi padre dejó Chumbicate para instalarse con nuestra familia en Lima. Desde la capital, reunía libros usados, reparaba con paciencia los que llegaban sin tapas o con hojas sueltas y los enviaba de regreso a su pueblo. Yo lo observaba pasar horas dedicado a esos textos, pero no comprendía qué lo mantenía tan atado a un lugar que aún no conocía. Esa pregunta me impulsó a seguir sus pasos y viajar a Chumbicate por primera vez.
Una vez en el caserío, comprendí la dimensión de lo que habían logrado: mi padre no había levantado esa escuela solo para sus hijos, sino para todos los niños de Chumbicate. De esa investigación nació este proyecto documental, que reúne los testimonios, fotografías y archivos necesarios para conservar la memoria de la comunidad.
Más de cincuenta años después, la Escuela Primaria Nº 10766 sigue en pie. Este proyecto atestigua la capacidad del ser humano no solo para resistir la adversidad, sino para transformar su propia realidad. Esa determinación tuvo una continuidad natural en mi hermano Segundo: tras formarse en esas mismas aulas y salir a finales de los setenta para dedicarse a la docencia, impulsó años más tarde la creación del colegio secundario justo al frente de la escuela. Con ambos niveles reunidos, Chumbicate se consolidó como el polo educativo de la zona, al que acuden diariamente niños y jóvenes de caseríos y poblados vecinos. Quienes ayer se atrevieron a romper la roca para abrir un camino, entendieron el valor transformador de la educación y dejaron a toda una región las herramientas necesarias para comprender su tiempo, responder a las exigencias del mundo y construir su propio destino.